La economía argentina en la cornisa : ¿cómo llegamos a esta situación y cuando buscaremos una salida?

Publicado por: Real Chubut - Agencia de Noticias 09-07-2018 Economía

La economía argentina atraviesa momentos difíciles. Cualquiera de nosotros siente el impacto de la crisis sobre su vida cotidiana. La devaluación del peso, la suba de tarifas (a veces hecha de forma indiscriminada y sin estudios previos de su impacto social), el alarmante déficit fiscal  y comercial, todo eso se traduce en la confiscación de los ahorros y salarios de los trabajadores, por la doble vía de la alta inflación y de la presión tributaria ya bastante elevada a pesar de las promesas del gobierno de rebajar impuestos y de contener la inflación. En e fondo, el endémico problema de la economía argentina: su dependencia del dólar y de los mercados financieros extranjeros.


La crisis económica se combina también con una dosis de turbulencias políticas y de agrietamientos en la oposición y en la coalición de gobierno. Y a medida que las elecciones generales de 2019 se acercan, vamos a ver muchas más. ¿ Pero cómo llegamos a esta situación, si después de las elecciones de medio termino de octubre, parecía llegar la consolidación definitiva del elenco gobernante, frente a una oposición harto fragmentada y débil a escala nacional? Vamos a remontarnos a las jornadas de noviembre de 2017, cuando un envalentonado presidente Mauricio Macri, lanzo su estrategia de “reformismo permanente”. Esto implicaba reformular el Estado  achicando lo que se denomina hace décadas “el costo argentino”, para hacer al pais más competitivo en el escenario internacional. Esto requería sinergia con el sector privado y un pacto con la oposición política. Tres fueron los ejes de las reformas: tributario, laboral y previsional.


El primer paso consistió en una jugada audaz: la devolución a la provincia de Buenos Aires de algunos fondos de coparticipación federal que le correspondían y que se hallaban congelados desde 1996: el “Fondo del Conurbano Bonaerense”, que en su última indexación equivalía a 650 millones de pesos/dólares (en tiempos de la convertibilidad) y que de haberse ajustado por el índice actual de devaluación hubiera llegado a 70 mil millones de pesos actuales. Tal medida necesitaba si o si de una transacción con las demás provincias argentinas que no querían ceder fondos. Esto se logró a través de la firma de un Pacto Fiscal con los gobiernos de 22 entidades (la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 22 provincias más, exceptuando San Luis), dónde se procedió a un nuevo reparto de fondos a cambio de que las provincias desistieran de sus demandas judiciales contra la Nación y de que rebajaran o directamente eliminaran impuestos considerados regresivos como Ingresos Brutos. El gobierno nacional prometió también rebajas impositivas. La demanda más problemática para el gobierno era la demanda de la provincia de Buenos Aires ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en reclamo de los citados fondos. Como resultado, se compenso a la gobernación de Buenos Aires con 65 millones de pesos pagaderos en dos cuotas entre 2018 y 2019, pero sin afectar la masa de recursos participables. El dinero vendría de otro lado.


Y ahí vamos al siguiente eje. Y ahí, estimados lectores, es cuando todo comenzó a salir mal. Los recursos para las provincias y para las obras sociales sindicales (se buscaba el apoyo de la CGT y los principales sindicatos para la futura reforma laboral), habrían de provenir de la ANSES, a cuya caja el gobierno consideraba deficitaria. Sin poder tocar el Fon do de Garantías y sin afectar la llamada Reparación Histórica que ya percibían algunos pensionistas y jubilados que habían renunciado a las acciones judiciales pertinentes (por falta de reajuste de la movilidad jubilatoria, que la Constitución Nacional fija), la solución vendría del cambio de la formula de reajuste automático de haberes, que desde el 2009 se actualizaban dos veces al año, en marzo y septiembre. La idea era modificar el índice del calculo para que la ANSES hiciera menores erogaciones con cada reajuste y asi generar un ahorro mensual de 10 mil millones de pesos. El proyecto paso por la Cámara de Senadores sin problemas, ya que la presión de los gobernadores opositores fue clave, más teniendo en cuenta que el oficialismo es minoría en esa cámara y en los gobiernos provinciales.

Sus fondos estarían garantizados para el futuro, más cuando ya habían empezado a rebajar alícuotas de impuestos. Pero el clima social se caldeo cuando se acercaba la fecha del tratamiento en la Cámara de Diputados. El estado de alerta y movilización junto a la resistencia de muchos diputados opositores (poco permeables a la influencia de los gobernadores) a aprobar el proyecto auguraban un tratamiento difícil y un resultado incierto de la votación.


Y los peores temores del gobierno y los mandatarios provinciales se hicieron realidad en las jornadas del 14 y el 18 de diciembre. El primer dia, la Cámara de Diputados no llego al quorum necesario para debatir ante el bloque de los diputados opositores, lo cual demostró la debilidad del oficialismo que vio diluirse rápidamente el efecto de su triunfo electoral de octubre (a pesar de haber sido mayoría en 13 provincias, entre ellas la estratégica Buenos Aires, y de haber aumentado sus bancas, Cambiemos seguía sin la mayoría en ambas Cámaras del Congreso). Afuera del recinto, serios incidentes entre manifestantes y las fuerzas de seguridad federales (Gendarmería), empañaban la jornada aún mas y sembraban dudas sobre la paz social, con sus secuelas de heridos y detenidos. El día 18 de diciembre, por la presión de algunos gobernadores, asustados al ver escurrirse sus fondos, la cámara sesionó y aprobó con una mayoría ajustadísima de 127 votos el proyecto del gobierno. Los incidentes recrudecieron junto a los destrozos y heridos por las manifestaciones y el débil y cuestionado accionar policial.


El gobierno había conseguido una victoria pírrica que sembró dudas en la coalición gobernante, dónde empezaron a alzarse voces críticas, y también sembró la desconfianza entre algunos gobernadores y el gobierno nacional, y enrareció el clima en el Congreso, lo cual debilitó de ahí en más la capacidad negociadora del gobierno. Muchos opositores decidieron no compartir el costo politico de la medida con el gobierno y se distanciaron del mismo. El presidente Macri ,ya molesto con ciertos lideres opositores tras la sanción de la frustrada “Ley Antidespidos” (que el veto sin dudarlo), redobló la ofensiva contra algunos dirigentes opositores rompiendo muchos puentes con ellos. Y tras las violentas jornadas de diciembre, tomo dos medidas extremas y de largo alcance, que contrariaban sus intenciones iniciales: postergar la reforma laboral (para no irritar al sindicalismo) y esta la más inentendible por su equipo económico, quebrar la autonomía del Banco central y abandonar el esquema de metas inflacionarias.


He aquí el dilema más serio que hoy atormenta al gobierno, y el meollo de la crisis actual: el estado de la economía y la inflación. Mauricio Macri había prometido al asumir que, para diciembre de 2019, llegaríamos a un digito de inflación y que la misma bajaría gradualmente. Para eso, el equipo económico del gobierno, a pesar de las dudas de algunos de sus integrantes como Carlos Melconian ( presidente del Banco Nación) y Federico Sturzenegger (flamante titular del Banco Central de la República Argentina), apostó por una mezcla de recetas liberales y heterodoxas. Creyendo que la única causa de la inflación era la emisión de moneda y el exceso de pesos en la economía, se decidió cortar las emisiones, pero para no desfinanciar al Estado se decidió volver a los mercados financieros externos a tomar deuda.

Para eso fue vital el acuerdo definitivo con los Hold- Outs ( coloquialmente llamados “fondos buitre”) que habían comprado bonos de deuda argentina en tiempos pasados y no habían aceptado la última negociación celebrada en el año 2005 (que implico una quita de capital e intereses y que permitió salir del default de 2001 al atraer al 93% de los .acreedores). Los últimos acreedores rebeldes retiraron sus demandas judiciales en Nueva York y permitieron a la Argentina recuperar acceso pleno a los mercados, aprovechando las bajas tasas de interés en dólares. La otra alternativa era una política de recortes de gastos públicos agresivos y congelamiento de precios y salarios. Pero estas recetas no son populares en nuestro país y el gobierno no tenía capital politico para llevarla adelante. Una política de “Shock” como se dice, que tal vez habría domado rápido la inflación, tal vez, pero a costa de enfriar la tímida recuperación económica.


Se tomaron luego medidas tales como la quita de subsidios al consumo de servicios públicos, quita de retenciones al sector agrario (salvo producción de soja), industrial y minero, y apertura de algunas importaciones y fin de aranceles sobre algunos productos como artículos electrónicos, con el objeto de reanimar las economías regionales y bajar algunos precios. Y la medida estrella de los primeros dias de gobierno de Cambiemos, el fin del control de Cambios y la primera devaluación desde 2014 que llevó el tipo de cambio de 9 a 16 pesos. La inflación del primer año de gobierno de Macri, acumulada, fue de 41 %, pero el segundo año había caído al 24%. Nada mal pero insuficiente teniendo en cuenta que la meta fijada era 17 % y que las paritarias salariales se habían pactado bajo esa previsión, pero con una cláusula gatillo de actualización acorde con la inflación final. He aquí cuando el gobierno tomó la decisión de abandonar sus metas de inflación ambiciosas para 2018 (12 %) por otras más reales de entre el 15 y el 20%.


Tal decisión quebró la autonomía del Banco Central, que debió emitir más deuda para cubrir el enorme déficit fiscal. Y el mecanismo utilizado fue la emisión de Lebacs ( Letras del Banco Central), que, si bien existen desde el año 2002, nunca se habían emitido tanto como en 2017, cuando el déficit fiscal empezó a afectar las cuentas públicas. ¿ Como funciona el mecanismo? Los estados se pueden financiar con recursos genuinos, ingresos tributarios, o con deuda, emitiendo bonos que compran bancos privados, otros estados o particulares, a una tasa fija y con plazos de amortización ( que es cuando se devuelve el dinero o se renueva el préstamo); otra opción más extrema es pedir préstamos a otros países u organismos multilaterales de crédito como el Fondo Monetario Internacional. Las Lebac buscaban absorber dólares del mercado privado para mantener planchado el tipo de cambio  ya la vez procurar financiamiento al estado nacional. Demas esta decir que muchas provincias y municipios han emitido bonos de deuda en los últimos años.


Pero en marzo del corriente año, la situación se salió de control. Estados Unidos, subió su tasa de interés en dólares, lo cual encareció los préstamos en el extranjero.  Y luego ,el rumor de un posible impuesto a los capitales y a la renta financiera terminó provocando una fuga de divisas y capitales desde la Bolsa de Buenos Aires, empujando una corrida que llevó a la caída de acciones y a una devaluación agresiva que el gobierno no atinó a controlar, luego impulso y finalmente se vio obligado a frenar. El dólar ha pasado a equivaler actualmente 28 pesos, el déficit es indomable, la inflación ha desbordado las previsiones del gobierno (del 15 % inicialmente previsto al 25% estimado a fin de año). Y todo esto produjo un cimbronazo politico en el gobierno, forzando la renuncia y remoción de algunos ministros y del mismísimo titular del Banco Central, a la vez que otros ministros vieron crecer su poder, entre ellos el titular de Hacienda, Nicolas Dujovne.

Que ha pasado a ser la pieza clave y el ideólogo de la medida más drástica tomada por el gobierno de Cambiemos, pedir un salvataje al Fondo Monetario Internacional por el orden de 50 mil millones de dólares, a cambio de recortes de gastos más agresivos, de control del tipo de cambio y de otras medidas como la reducción de la burocracia estatal (el número de ministerios ha caído de 21 a 18 con las remociones de Francisco Cabrera, y se ha congelado el ingreso de empleados a la administración nacional por 2 años, junto a los salarios del personal jerárquico).


En estos tiempos difíciles, donde la confianza de la población en la economía y en la clase política ha caído, es de esperar un golpe de timón y un gesto de madurez para que la clase política asuma la labor de sacar adelante a este pais y no sacarse de encima el problema repartiéndose las culpas y cargando el peso de la crisis sobre la población. Hay salida, solo necesitamos quien nos guie en esta oscuridad, hacia la luz. El tiempo dirá.

Por el Dr.Sabino Mostaccio

Abogado, Licenciado en Ciencia Política y Relaciones internacionales


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