Ojo con el Terrorismo en la Argentina

Publicado por: Real Chubut - Agencia de Noticias 14-08-2016 Internacional

EDITORIAL

Por Sergio G. Caplan, Analista Internacional.

Durante las últimas semanas, tanto desde el gobierno como desde los medios hegemónicos se ha insistido en la posibilidad de que nuestro país sea un posible blanco para el terrorismo transnacional. Pero ¿de qué se trata esta amenaza?  ¿por qué se atacaría a la Argentina? Cierto es que nuestro país no está fuera del debate sobre el terrorismo, pero la discusión parece estar pasando por el lugar equivocado.


Los medios hegemónicos han instalado esta hipótesis con justificaciones absurdas tales como “el Papa es argentino” o “estamos cerca de Brasil, donde están las Olimpíadas”. Además, basan sus dichos a partir de “consultas” con “especialistas” de las Fuerzas Armadas y asesores del Ministerio de Defensa, obviando que en nuestro país el terrorismo no es competencia de la Defensa Nacional, y que la utilización del instrumento militar (las Fuerzas Armadas) para tal fin está prohibida por la Ley n° 23.554/88 y su decreto de reglamentación 727/2006. Pero claro, la supuesta “noticia” ayuda a fomentar el retorno del debate sobre la ampliación de funciones para los militares.


La semana pasada, durante la visita del Secretario de Estado norteamericano a la Argentina, el gobierno se comprometió a “cooperar” en la lucha contra el terrorismo global. ¿Qué recibe a cambio? Facilidades para el ingreso de turistas a los Estados Unidos. Sí, en lugar de hacer una cola y hablar con una persona, los viajeros argentinos podrán ingresar escaneando su pasaporte frente a una máquina. Eso es todo.


La incorporación del país a la lucha global contra el terrorismo es un claro objetivo de la gestión actual, y fue uno de los temas principales de debate entre los referentes en Relaciones Internacionales del PRO incluso durante la campaña presidencial. Su razonamiento es tan claro como falaz: “Los países del primer mundo están involucrados en la guerra contra el terrorismo, y nosotros queremos figurar entre esos países”. Sin embargo, ninguno de ellos se pregunta “¿por qué estos países gastan millones de dólares en una guerra contra grupos que fueron financiados por ellos mismos?” La respuesta es tan simple como dolorosa: El negocio de las armas. Y no, nuestro país no puede jugar ese juego.


Cierto es que la Argentina ha sido víctima de dos atentados terroristas: La embajada de Israel y la AMIA, en 1992 y 1994 respectivamente. Pero la fecha no es casual. No fue “en las últimas décadas” como algunos medios quisieron instalar. Fue justo después de 1991, ya comenzada la etapa neoliberal menemista, cuando nuestro país pasó a ser el único latinoamericano en “acompañar” los esfuerzos de la administración de George Bush padre en la Guerra del Golfo. Sabido es que el fundamentalismo islámico ataca solamente a aquellos países que apoyan las incursiones bélicas y de ocupación, y cabe el ejemplo paradigmático de la sociedad francesa, entre otras, que ha sufrido recientemente también varios atentados por culpa del envío de tropas hacia las intervenciones de la OTAN en Medio Oriente.


Entonces sí, si la Argentina continúa esta política de alineamiento infantil con los Estados Unidos, probablemente seamos víctimas de ataques terroristas, teniendo en cuenta también las conocidas debilidades en nuestro Sistema de Seguridad Nacional. El razonamiento es básico: Decimos que somos posibles víctimas del terrorismo, lo combatimos inútilmente, recibimos un atentado como respuesta, y comprobamos que teníamos razón. Profecía autocumplida. Comienzo de una espiral de violencia innecesaria.


A todo esto, cabe preguntarnos también cuál es el interés de Estados Unidos para sumar a la Argentina a su lista de “aliados” y venir con sus Fuerzas a “cooperar” al país. Basta nomás con mirar dónde localizan los posibles escenarios de un ataque terrorista para darnos cuenta que coinciden exactamente con las reservas de agua más grandes del mundo. Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida; y la hidroeléctrica Yaciretá, en la Triple Frontera, sobre el acuífero guaraní.


¿Qué queda por hacer? Así como en el caso europeo, la clave de los países democráticos sigue estando en la voluntad del pueblo. Podemos exigirles a nuestros gobernantes que no comiencen guerras que no nos interesan, o podemos, sometidos al miedo instalado por los medios de comunicación, terminar lamentando nuevas víctimas y mayor impunidad. Por respeto a nuestra historia, digamos NUNCA MÁS.