Acuerdo con el FMI: no son los pesos, son los dólares

Publicado por: Real Chubut - Agencia de Noticias 10-05-2018 Nacional


De acá a un par de semanas la agenda económica estará marcada por el resultado de las negociaciones del Gobierno con el FMI. La última noticia parece ser que el Gobierno no obtendría acceso a las ventanillas de crédito flexible (Flexible Credit Line-FCL, o Precautionary Liquidity Line, PLL) sino a una línea tradicional Stand-By sujeta a los ya conocidos condicionamientos de ajuste estructural y ruedas de revisiones del fondo, más allá de ser más rápida y posiblemente de mayor monto.

Antes de comentar las consecuencias de esto, y aunque suene a más de lo mismo, es importante contextualizar la situación. En primer lugar, entre las causas de actual presión cambiaria se encuentra la volatilidad internacional que si bien afectó a otros emergentes y de la región, en nuestro país se amplificó producto de la mayor vulnerabilidad financiera externa que atraviesa Argentina desde el levantamiento de las regulaciones de la cuenta capital. En segundo lugar, la política del Gobierno para administrar la presión cambiaria fue vacilante. Primero vendió reservas y subió un poco la tasa para no devaluar, después devaluó y subió más la tasa para no perder reservas. Y ahora abrir una ventanilla con el FMI. Aunque las condiciones estructurales hacían pensar que esta podría haber sido una opción, ir al Fondo no parecía ser la primera opción frente a las alternativas a vender reservas, hacer un swap con exportadores o bancos. A menos de tres años de asumir, el Gobierno paga un elevado costo político al ir FMI que lejos de traer tranquilidad parece aportar turbulencia. 

En este contexto, las condiciones estructurales que generaron la presión cambiaria no se han modificado y esto hace pensar que van a continuar. Y este es el elemento central. El Gobierno debe recurrir a un acuerdo con el FMI (y al financiamiento externo en sus otras formas) no porque le falten pesos, sino porque le faltan dólares. Es decir, contrario a la visión fiscalista que sostienen los economistas cercanos al Gobierno sobre que el financiamiento del FMI sirve para sostener el gradualismo y moderar el impacto de la reducción del déficit, pero esos pesos necesarios podrían conseguirse de fuentes locales. Lo que sucede es que está saturado el mercado de dólares para hacer frente a la creciente demanda de estas divisas que registra la economía desde hace dos años.

Por ello, vale recordar que tras la desregulación cambiaria la demanda de dólares nunca disminuyó sino que se financió con la oferta de deuda externa y portafolio. La diferencia se acumuló en el BCRA como reservas. Para todo 2018 la economía argentina necesitará divisas por algo más de u$s 40.000 M originadas en la compra de dólares minorista (FAE) por u$s 20.000 M, viajes al exterior por u$s 10.000 M, déficit comercial por u$s 15.000 M, y remisión de utilidades e intereses de la deuda por u$s 9.000 M. A lo anterior se suman las otras malas nuevas como son el mayor peso de intereses de la deuda, la salida de dólares por portafolio y el riesgo que representan los u$s 44.000 M de stock de LEBAC en manos privadas no financieras. Restando la colocación de u$s 9.000 M de nueva deuda por el Estado Nacional en enero-18, con la interrupción de las colocaciones de deuda privadas y públicas y el ingreso de capitales especulativos, restarían al menos u$s 30.000 M que son los que parecen no tener un origen especifico más allá de las reservas.

De modo que la cuestión de fondo en la economía argentina siempre son los dólares. Llevándolo al caso externo: aun existiendo superávit fiscal, una corrida cambiaria podría llevar a la necesidad de contar con financiamiento del FMI para garantizar un flujo constante de dólares con el que abastecer la demanda. Poner la necesidad Argentina de recurrir al FMI asociado al "gradualismo fiscal" es plantear una falsa disyuntiva entre ajuste o endeudamiento externo. Y porque, además del costo social, el ajuste fiscal para atacar el frente externo podría ser insuficiente.


Fuente: Ambito


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