Una devaluación compensada no es la salida a la crisis

Publicado por: Real Chubut - Agencia de Noticias 13-06-2018 Nacional


• DEBATE POR EL ACUERDO CON EL FONDO
El martes se publicó una propuesta del economista Joaquín Cottani para hacer el ajuste más solidario a partir de una devaluación compensada. Hoy un colega le contesta (crítico) analizando por qué fueron exitosas las dos experiencias históricas.

En un interesante artículo el economista Joaquín Cottani argumenta en favor de una devaluación compensada, que se aplicó con éxito entre 1967-1970. El primer error es suponer que los argentinos del '67-'70, son los mismos de ahora. Las devaluaciones eran las de antes. Hoy cualquier argentino sabe que si el dólar aumenta, los precios lo harán en poco tiempo. Por lo tanto la devaluación se licúa rápidamente. Al contrario de la opinión de Cottani, y sin defender a Roberto Lavagna, su devaluación fue para destapar una olla a presión, cuyo fuego comenzó con la dupla Menem-Cavallo y la famosa convertibilidad, perversa si no se ajusta el déficit fiscal y la necesidad de financiamiento externo.

La devaluación Duhalde-Lavagna fue exitosa ya que logró parar las expectativas explosivas y porque se dejaron de pagar las deudas. Lavagna aprovechó una "homérica" (José Luis Espert dixit) caída del producto, donde no había margen para aumentar precios y con un sindicalismo aplacado. La mega devaluación paró la demanda de dólares e incrementó la oferta. Pero lo más importante fue el manejo prudente de la caja y la eliminación del déficit fiscal por parte de Nestor Kirchner en sus primeros 3 años (luego "volcaron"). Controlado el déficit fiscal el país se estabilizó y junto con los buenos precios internacionales vino el viento de cola. La devaluación Duhalde-Kirchner fue un éxito en términos de estabilizar la economía.

Reducir la tasa de interés como propone Cottani es deseable. El tema es cómo se financia el déficit, madre de todos los males. Sugiere aumentar las retenciones a las exportaciones y disminuir los aranceles a las importaciones. Lo segundo es bueno (a medias) y lo primero es malo y conocido. Disminuir los aranceles es bueno ya que en principio haría más baratas las importaciones con las que se alimenta la industria local. El problema es que esa disminución de costos no siempre va a menores precios. Va más a ganancias. Cottani propone aumentar las retenciones para atenuar el impacto en bienes transables. Pero olvida que las exportaciones de hoy no son trigo, como eran hace 50 años en la época del economista Carlos Diaz Alejandro, quien argumentaba que el problema argentino era que exportaba lo que el mismo pueblo comía y que una devaluación favorecía al campo en detrimento de los argentinos. Hoy Argentina exporta soja que no se come. Por lo tanto las retenciones al complejo agroexportador son más confiscatorias que un intento de mitigar los efectos de la devaluación. Las retenciones deberían ser limitadas a ciertos productos pero con el objetivo final de bajar el costo argentino. Esto y la logística hacen inviables ciertas economías regionales. Pero hay otro problema con las retenciones. Es romper un compromiso político que asumió Macri. El PRO y Macri perderían caudal político. La solución Cottani es más impuestos para bajar el déficit: le sacamos plata al sector más eficiente para darle al menos eficiente. Como la historia enseña: a mayor recaudación, mayor gasto. Durante kirchnerismo la mayor recaudación de la historia argentina fue para aumentar el tamaño del sector público. La solución no pasa por la mayor recaudación sino por aumentar la torta generando empleo privado (jamás empleo público). 

El problema argentino es sencillo de explicar (políticamente difícil de solucionar): no genera empleo suficiente. Lo que no genera el privado lo intenta suplir el sector público. Así pasamos de 1,8 millones de empleos públicos a 4 millones. Más 15 millones de personas que reciben algún cheque público. 

Hay que generar casi 2 millones de puestos de trabajo para trasvasar empleos del sector público al privado. Con estos impuestos y estas leyes laborales, mejor esperar sentado.


Fuente: Ambito


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