La noche de este lunes 5 de enero de 2026, el centro de Caracas vivió momentos de extrema tensión luego de que se detectara el sobrevuelo de varios drones no identificados en las inmediaciones del Palacio de Miraflores. La situación derivó en una rápida reacción de los cuerpos de seguridad, con disparos disuasivos que se escucharon en distintos puntos del casco céntrico de la capital venezolana.
El episodio generó escenas de caos y temor entre vecinos y transeúntes. Comercios bajaron sus persianas de manera preventiva, varias calles fueron cerradas y numerosas personas buscaron refugio dentro de locales y edificios ante la incertidumbre reinante. De manera paralela, se dispuso la evacuación de ministerios y dependencias gubernamentales cercanas al epicentro del operativo.
Testigos y medios locales reportaron detonaciones y ráfagas de armas de fuego, mientras crecía la confusión sobre el origen y la finalidad del despliegue aéreo. Hasta el momento, ningún grupo o actor externo se adjudicó el uso de los drones, lo que alimentó versiones cruzadas y profundizó la incertidumbre en un contexto político ya marcado por una fuerte inestabilidad institucional.
El hecho ocurrió en medio de un escenario de máxima fragilidad, tras la captura de Nicolás Maduro y la reorganización del poder ejecutivo en Venezuela, bajo la supervisión internacional anunciada por el gobierno de Estados Unidos. La falta inicial de información oficial incrementó la preocupación tanto a nivel interno como externo.
Horas más tarde, la presidenta encargada Delcy Rodríguez salió a desmentir versiones de enfrentamientos armados en el centro de la ciudad. Según explicó, los disparos registrados formaron parte de un protocolo de seguridad y tuvieron carácter preventivo, luego de detectarse vuelos no autorizados sobre el perímetro presidencial. Aseguró además que no hubo combates terrestres y que la situación fue controlada con rapidez por la Guardia de Honor y la Policía Nacional Bolivariana.

















